Recuerdo que hace más o menos un
año lo conocí. Me generó tanta curiosidad como me generaría otro huésped, Era
un huésped más, otro gringo que llegaba a Cartagena, la tierra prometida. Era
muy alto y muy joven. Solo un año mayor que yo. Era amable y tranquilo. Hacía
calor, mucho calor. Yo le sonreía, era bueno sonreírle. Lo agarraba del brazo,
se sentía muy bien. No le dije que no, tampoco le dije que sí. Quería decirle
que sí. Un día le dije que sí. Hacía tanto calor, pero no importaba, me hacía
muy feliz haberle dicho que sí. Me hacía feliz verlo sonreír, verlo mirarme,
peinarlo, esperarlo, la tranquilidad infinita que sentía cuando estaba con él,
sentirme bonita, segura, cuidad… lamento no haberle dicho que sí antes, un día
antes, una semana antes… no sabía que
iba a atesorar después cada momento que viviera con él, no sabía que lo iba a
querer de esa forma superlativa que él prefiere no escuchar y que yo prefiero
no nombrar. Que lo iba a extrañar tanto, que iba a querer que me abrazara y me
acompañara, que compartiéramos una cerveza, un helado, una uva. No me imaginé
que nuestro abrazo de despedida era en realidad el último, y que hubiese sido
mejor abrazarlo más fuerte y hacerle entender lo que sentía con un par de
palabras al oído. Preferiría que nunca me hubiese visto llorar, que no me viera
triste o cansada, que nunca hubiese escuchado mis palabras de dolor, porque era
todo lo contrario a lo que sentía cuando estaba con él, porque era feliz con
él: Debí sonreírle más, decirle más veces que lo quería, debí besarlo con más
pasión, debí hacerle el amor como si fuese mi último hombre… Debí irme consciente
de que ya no era mío, de que nunca lo fue, y que ya no lo será. Debí llegar y
olvidar su nombre, su cara y sus ojos. Pero no lo hice, al contrario, lo he
pensado en cada lugar, lo he recordado cada fin de semana, en la emoción que
sentía por esperarlo y en la certeza que tengo hoy de que no llegará. Sin
embargo me alegra saber de vez en cuando que está bien, que está feliz, que
está con su gente, con su familia y sus amigos, que está cómodo. A veces pienso que está tan cómodo que no se
molesta en recordarme, que ya llegó ese momento que sabía que llegaría en el
que nos olvidaríamos definitivamente. Llegó ese momento en el que lo extraño tanto
y deseo tanto verlo, que no soporto la idea de verlo y que sus hermosos ojos me
miren llenos de nada. No soporto la idea de una vez más todo se resuma en
aquella frase que apuñala ... esa sobre los puentes. No soporto el hecho de
que no me quede más remedio que seguir pensando que el amor es más fuerte …
porque eso me ayuda a vivir. Duele sentirlo distante, que él ya esté convencido
de eso que yo no puedo aceptar, duele sentir que no puedo decírselo, que no
quiero sentirme como una tonta desnuda ante él. Duele mucho quererlo ahora.
Habrá seguro para él una hermosa chica californiana, de esas rubias, de pronunciadas
curvas y ojos claros, quiero que ella sea buena, que lo ame y se lo diga, que
lo abrace, que aprecie lo invaluable de su sonrisa y su dulzura, que no lo
deje, que no lo deje…. Habrá tal vez alguien para mí, ojalá tenga la confianza
de tus ojos y su alegría…
Le he escrito tantas veces,
tantas cosas, y no he podido decirle lo
que quiero. … Soles en tus lunas, mi amor.