domingo, 1 de enero de 2017

1ro de Enero

No hay nada que me guste más que ver esa sonrisa adolescente que pones cada vez que te alegras por cosas simples. 
No hay nada que envidie más que tu libertad sin limites, tu tranquilidad sin remordimientos.

No hay nada que odie más que la sumatoria de tus ausencias, despedirte, que aveces parezcas un recuerdo y que te veas difuso en mi día a día.

No hay nada que desee más que el abrazo del reencuentro, tu mano en mi cintura, tus ojos mirándome  fijamente mientras hacemos el amor.  Tus besos perfectos, tu pelo en mi boca, tu mejilla contra la mía. 

No hay nada que me asuste más que estar enamorada de ti, de ti, que eres humo, que eres tú y solo tu.
Me asusta decírtelo pero me asusta más no decírtelo. 
Me da miedo lo avasallador de tus respuestas, tu claridad mortal, la impunidad aterradora con la que todo acabaría.
Temo quererte. Temo de mí y de ti, de las cuatro paredes de las que no saldré completa porque un pedazo de mí va a querer quedarse encerrado para siempre. 

¡Oh por dios! Tengo pavor de mis palabras y de mi torpeza. Tengo pavor de mi que soy un error andante. De mi racionalidad a cuenta gotas, de la transparencia innecesaria de mi corazón, la desnudez de mi cuerpo, de esas ansias por compartirme. 
Y lo único que no temo hoy es decirte que te quiero.