Vete y déjame llorar. Déjame llorar por todo lo que no tengo ni tuve, por todo lo que perdí, por todos los que me dejaron, por todo lo que me robaron, por todo lo que dejé que me hicieran, por todo lo que pude evitar y no evité, por todos los que no merecieron mi amor, por los que me dejaron sola, por los que no me comprenden, por el conformismo al que me obligaron mis circunstancias, por mi soledad, por lo que quiero y no me quieren, por los que me rechazaron, por el amor que pedí y nunca recibí, por ser siempre la opción más difícil, por no ser una buena persona, por no ser una persona normal, por no saber nada , por no tener nada, por no ser nada.
Por no ser fuerte, por tonta, por bajar la guardia, por no saber defenderme, por seguirte amando, por ser una estúpida, por no poder, simplemente no poder...
Por extrañar a quién no debo, por ser débil, por ser un fiasco, un invento, por ser nada, por casi no existir.
Por mis dolores, por mis deficiencias, por el aire que no me es suficiente, por el pecho que no me deja vivir, por no saber que hacer, por hacer lo incorrecto, por no hacer nada.
Por querer desaparecer a veces, por ser insignificante, por no importarle a nadie, por no importarte, por el dolor infinito de recordarte, por recordarte, por pensarte , por sufrirte, por cada minuto perdido en el tren pensando en ti, por los sueños contigo, por todo lo que me dueles, por no poder olvidarte.
Vete, se mi nuevo llanto, mi nuevo fantasma, mi nueva ausencia. No te preocupes, estarás lejos, serás feliz y no sentirás mi dolor, no verás mis lágrimas. Te diré que estoy bien, que cocino todos los días, que como bien, que he hecho nuevos amigos, que salgo a bailar y me acuesto tarde.
Vete...
Realidad y ficción , entrelazados, en una prosa sin pretensiones, que solo desea mostrar puntos de vista críticos y sinceros.... un lugar para opinar y sobre todo diferir...
domingo, 22 de noviembre de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
Sé lo que hiciste el invierno pasado
Todo es un gran revoltijo de pensamiento y escenas que parecen ser de historias diferentes.
Yo sentada en tus piernas, intentando besarte y tu esquivandome apartando mis manos de ti, diciendo, Tu y yo ya no somos novios.
Tu y yo, sumergidos semidesnudos a media noche en un mar de aguas cristalinas, besándonos, tu diciéndome que era hermosa, yo diciéndote que te quería.
Otra vez, tu y yo sentados en un bus, uno al lado del otro, era invierno, hacía frío, yo miraba por la ventana, lagrimeando y tratando de que no lo notaras, pensando en cuán lejos estabas de mí.
Tu y yo abrazados una noche, en una banca fuera de mi trabajo, yo estaba cansada y lloraba, no quería irme.
Luego hace dos años tu y yo nos dábamos el que creía era nuestro ultimo beso y nuestro ultimo abrazo. Me despedí, volteé a mirar y aun estabas ahí viéndome partir. Era la única persona que quería que estuviera conmigo ese momento, fuiste la última cara conocida que ví y eso no lo cambio por nada.
Hace un año, una nueva despedida, tu y yo en la estación de trenes. Ésta vez te despedías tu. Me pediste que te acompañara, te dije que no quería tener el recuerdo de verte subir al tren y tener yo una mano al viento despidiéndote. Pero lo hice. Una nueva escena de llanto, ese llanto que pensaba que iba a ser el definitivo pero que se extendió mucho tiempo más. Se que te dije muchas cosas, que me rompiste el corazón, que no debiste haber venido. No había más que tristeza, amor y decepción en mis palabras, no había maldad. Tu apenado, miraste a un lado y dijiste muy suave, que había sido una parte importante en tu vida, que no querías que te recordara así. Buscaba tus ojos pero no los hallaba. Lo único que encontré fue una mano que vi colgada, la acaricié por ultima vez y te dije adiós.
Lo anterior y lo posterior a eso fueron un infierno.
La expectativa de tu llegada me quitaba la respiración, quería que me encontraras bella y feliz. Pero la cosa era complicada. No tenía un peso, había estado enferma y ya no me hablabas con tanta frecuencia.Tenía la guardia baja, solo esperaba lo mejor de ti.
Llegaste. No querías que te tocara y fuiste frío la mayoría del tiempo. La primera noche, quise que hiciéramos el amor. era obvio que no querías y no sabías como evitarme ya que compartíamos la misma cama. Lo hicimos, al final te dije suave al oído que te quería, que te extrañaba, que me ponía triste el que ya no me escribieras con frecuencia y que yo dejé de hacerlo también porque no quería parecer ridícula. Se me quebraba la voz. Esperé una respuesta, solo me dijiste que estabas cansado y que querías dormir. Ya todo estaba claro, no me querías. Una parte de mi quería irse corriendo de allí, dejarte disfrutar tus vacaciones en paz. La otra, la romántica, me decía que la vida te había puesto a mi lado en ese momento por alguna razón, que pudiste haber ido a cualquier lugar del mundo, pero escogiste venir aquí, a donde yo estaba, que seguro estabas un poco confundido, solo debía intentarlo un poquito más. Lo hice el resto de la semana. Fue en vano. No me querías.
Me sentí estúpida por pensar que alguien pudiera hacer algo así por mi, que tu pudieras hacer eso por mi, venir por mi, solo por mi. Nunca me prometiste nada, nunca dijiste que me amabas, nunca dijiste que lo harías. Era como si yo estuviera loca y todo hubiese pasado en mi cabeza.
Nunca me consolaste, no me pediste perdón, no me abrazaste para que me calmara, no me dijiste que me querías, No te importó nada. no me explicaste nada. Me ignoraste.
Yo solo lloraba y me ponía histérica, me sentía minúscula, insignificante, tonta.
Ha habido mucho llanto en ésta historia. No te volveré a ver. No me escribirás nunca más, no me extrañas, no te importo. Pero pienso en ti, he pensado en ti todos los días de mi vida desde que te conocí. No es justo, no es sano, me hace daño y llevo mucho tiempo intentando solucionarlo. No te molestaré nunca más, quiero ser fuerte y superarlo todo, por eso escribo, porque quiero que todo ese dolor se me salga del cuerpo. No se lo puedo contar a nadie, me hace sentir estúpida.
Eso fue lo que hiciste tu en mi invierno, eso fue lo que hice yo en tu verano.
Quiero que estés bien, feliz, contento, que a pesar de todo tengas un recuerdo bonito de mi y de lo mucho que te quise. Ojalá me pienses se vez en cuando, y que estás vacaciones sean mejores que las pasadas...
miércoles, 24 de junio de 2015
Lo que ella piensa de él
Una madrugada después de hacer el amor ella le hizo prometer que no la iba a olvidar. Le preguntó luego que si él creía que ella era una buena chica, él le dijo ríendo que sí.
Ella le creyó. No había que ser muy inteligente para saber que todo era mentira, que él sabía que la iba a olvidar y que ella ya sabía que no era una buena chica. Durante los meses siguiente se aferró a su recuerdo y a la idea de que él también pensaba en ella. No había que ser muy brillante para saber que él ya no pensaba en ella. Un día ella decidió que ya no quería pensar en él, eliminó toda evidencia física y virtual de su existencia, entonces en un revés de la naturaleza humana, él le contó que quería seguir en su vida. Ella se arrancó el corazón para decirle que ya no, que ya no se podía.
Lo curioso es que aun después de tanto tiempo, de nuevas vidas y nuevos amores, él aún sigue en su vida. Sobre todo en las mañanas, cuando se despierta y se da cuenta que es un día más en que no hablará con él, no sabrá cómo está ni que siente. Un día más en el que los olvidos se irán sumando hasta llegar a la nada, un día más donde él se levantará sin pensar en ella. A veces llora pensando que ella es como un dibujo que se desvanece en su memoria, que es como un garabato borroso que él ya no recuerda con exactitud, que la recuerda molesta y llorando y no feliz y sonriendo . Que la recuerda histérica e irracional y no la mujer inteligente y sensata que solía ser. Llora porque sabe además que ella lo decidió, que ella dijo ya no más. Llora, porque él no le dijo que lo reconsiderara, él solo la dejó.
Él pudo decir algo que la consolara, abrazarla, acariciarle la mejilla o solo mirarla a los ojos, pero no, solo la ignoró, solo la hizo sentir insignificante, sola, estúpida con su silencio, con su estatismo.
Ella a veces cierra los ojos y se imagina sus hermosos ojos azules mirándola con la picardía de un niño, así como solían hacerlo antes. En sueños lo imagina a veces huyendo de ella, a veces diciéndole que todavía la ama. Así es él. Así es ella.
Ella sabe que ya no lo volverá a ver, sabe que ya no habrá un mar para los dos, ahora se conforma con que la visite en sueños, de vez en cuando y con esa sensación de haber estado con él que la acompaña hasta varias horas después. Insiste en recordarlo con amor, pero sus ojos se llenan de lágrimas aún ahora. Lo culpa porque la hizo ver estúpida y débil, porque debió esperar lo peor como siempre y no creer que él haría grandes cosas por ella. Ya ese espíritu que creía en la infranqueabilidad del amor murió. Y ella siente que murió un poquito con el.
Ella le creyó. No había que ser muy inteligente para saber que todo era mentira, que él sabía que la iba a olvidar y que ella ya sabía que no era una buena chica. Durante los meses siguiente se aferró a su recuerdo y a la idea de que él también pensaba en ella. No había que ser muy brillante para saber que él ya no pensaba en ella. Un día ella decidió que ya no quería pensar en él, eliminó toda evidencia física y virtual de su existencia, entonces en un revés de la naturaleza humana, él le contó que quería seguir en su vida. Ella se arrancó el corazón para decirle que ya no, que ya no se podía.
Lo curioso es que aun después de tanto tiempo, de nuevas vidas y nuevos amores, él aún sigue en su vida. Sobre todo en las mañanas, cuando se despierta y se da cuenta que es un día más en que no hablará con él, no sabrá cómo está ni que siente. Un día más en el que los olvidos se irán sumando hasta llegar a la nada, un día más donde él se levantará sin pensar en ella. A veces llora pensando que ella es como un dibujo que se desvanece en su memoria, que es como un garabato borroso que él ya no recuerda con exactitud, que la recuerda molesta y llorando y no feliz y sonriendo . Que la recuerda histérica e irracional y no la mujer inteligente y sensata que solía ser. Llora porque sabe además que ella lo decidió, que ella dijo ya no más. Llora, porque él no le dijo que lo reconsiderara, él solo la dejó.
Él pudo decir algo que la consolara, abrazarla, acariciarle la mejilla o solo mirarla a los ojos, pero no, solo la ignoró, solo la hizo sentir insignificante, sola, estúpida con su silencio, con su estatismo.
Ella a veces cierra los ojos y se imagina sus hermosos ojos azules mirándola con la picardía de un niño, así como solían hacerlo antes. En sueños lo imagina a veces huyendo de ella, a veces diciéndole que todavía la ama. Así es él. Así es ella.
Ella sabe que ya no lo volverá a ver, sabe que ya no habrá un mar para los dos, ahora se conforma con que la visite en sueños, de vez en cuando y con esa sensación de haber estado con él que la acompaña hasta varias horas después. Insiste en recordarlo con amor, pero sus ojos se llenan de lágrimas aún ahora. Lo culpa porque la hizo ver estúpida y débil, porque debió esperar lo peor como siempre y no creer que él haría grandes cosas por ella. Ya ese espíritu que creía en la infranqueabilidad del amor murió. Y ella siente que murió un poquito con el.
domingo, 10 de mayo de 2015
Una vida simple
Conozco quienes disfrutan del buen vino y los buenos quesos. Yo disfruto de la buena literatura y el buen cine. Me encanta la tranquilidad del hacer nada, de estar tirada en mi cama mirando lejos, descansando y pensando en las cosas de la vida. Odio hacer deporte y no sé tocar ningún instrumento. Bailo, porque es genético, leo porque me ayuda a vivir. Una vida simple, en la que he transitado desde que nací, porque, mis preocupaciones y las de mi familia, nunca fueron más allá de poder llegar a fin de mes, que comiéramos hasta que quedáramos llenos, nos educáramos y fuésemos personas solidarias.
Trabajar era ley, estudiar un gran esfuerzo y comer era satisfacerse. Más allá de eso no había nada. La felicidad no la encontrábamos en vacaciones costosas (porque nunca tuvimos ni siquiera unas no costosas) sino en la emoción infantil que se nos generaba cuando mis papá nos decía que comeríamos pollo frito en el centro. Había ahorrado por varias semanas para pagar eso que hoy me parece nada, pero que en ese entonces era todo un sacrificio. Eramos felices teniendo a mi papá en casa los lunes, su único día de descanso, viéndolo arreglar el abanico que siempre estaba dañado, la cama que siempre estaba chueca, la puerta que siempre necesitaba aceite.
Yo era feliz tomando su mano mientras el me llevaba a hacer filas al banco o a la notaría, y luego entrabamos a la iglesia y el rezaba un poquito. Yo era feliz esperándolo cuando llegaba tarde , para recibir el dulce de café o de ajonjolí que siempre me traía. Eramos felices comiendo las cocadas de la abuela y viendo béisbol con el abuelo.
Yo era feliz. La felicidad, esa palabra tan esquiva y de significado tan arbitrario. Tan simple y truculenta al mismo tiempo.
Hoy me encuentro inserta en un entramado de nuevas costumbres que creo comprender pero que sigo mirando de lejos y con curiosidad. La clase media y su concepto de felicidad es algo nuevo para mí.
De repente veo de cerca que hay más vino que el Termidor, pero encuentro que todos me saben igual. De repente me ofrecen 80 tipos diferentes de queso, pero no me gusta ninguno. De repente todos hablan de la lejana Europa, como si ésta quedara en Berazategui, pero yo solo sé que París y su encanto fueron la inspiración y el hogar de mis amados García Márquez y Cortázar. Todos esperan con ansias el feriado largo para buscar cualquier destino, porque hay que salir de la rutina, porque la vida es aburrida, porque siempre hay que hacer algo nuevo.
Estudian, trabajan, van a cursos, talleres, hacen deporte, compiten, porque.. porque pueden.
A pesar de ésto su vida parece estar vacía y llena de dudas o carencias, entonces el psicólogo se convierte en esa zona franca donde desahogan sus penas e inconformismos: padres a los que es difícil complacer, relaciones sentimentales que no los llenan, altos estándares que cumplir, muchas cosas que hacer y poco tiempo, trabajos que no los realizan como persona y toda una gran lista de penas modernas que no los dejan ser felices.
Como quien se mira desde arriba, me veo. Allí, en medio de burgueses satisfechos, que no tienen la culpa de serlo, que solo tuvieron buena suerte. No la suerte de que el dinero les crezca en el patio de su casa, sino la suerte de tener opciones. Suerte ésta que es la que los pone nerviosos, la que los mantiene inconformes, porque los mantiene con la duda de que siempre pudieron escoger algo mejor.
Algunos dicen renunciar a su "vida fácil " porque es más emocionante y autentico andar en bus de servicio publico que en auto y tener la experiencia de vivir como "pueblo", pero nunca los verás en un hospital público o manteniéndose con un sueldo de repositor para poder entender lo que es realmente vivir como pueblo, que es básicamente dedicarse a sobrevivir .
Los veo quejarse de todo y por todo, como si no se dieran cuenta lo buenas que en realidad son sus vidas y termino pensando que no sé si tenerles envidia o lástima. Creo que siento un poco de ambas.
Creo que soy una resentida social. No, estoy segura.
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