Una madrugada después de hacer el amor ella le hizo prometer que no la iba a olvidar. Le preguntó luego que si él creía que ella era una buena chica, él le dijo ríendo que sí.
Ella le creyó. No había que ser muy inteligente para saber que todo era mentira, que él sabía que la iba a olvidar y que ella ya sabía que no era una buena chica. Durante los meses siguiente se aferró a su recuerdo y a la idea de que él también pensaba en ella. No había que ser muy brillante para saber que él ya no pensaba en ella. Un día ella decidió que ya no quería pensar en él, eliminó toda evidencia física y virtual de su existencia, entonces en un revés de la naturaleza humana, él le contó que quería seguir en su vida. Ella se arrancó el corazón para decirle que ya no, que ya no se podía.
Lo curioso es que aun después de tanto tiempo, de nuevas vidas y nuevos amores, él aún sigue en su vida. Sobre todo en las mañanas, cuando se despierta y se da cuenta que es un día más en que no hablará con él, no sabrá cómo está ni que siente. Un día más en el que los olvidos se irán sumando hasta llegar a la nada, un día más donde él se levantará sin pensar en ella. A veces llora pensando que ella es como un dibujo que se desvanece en su memoria, que es como un garabato borroso que él ya no recuerda con exactitud, que la recuerda molesta y llorando y no feliz y sonriendo . Que la recuerda histérica e irracional y no la mujer inteligente y sensata que solía ser. Llora porque sabe además que ella lo decidió, que ella dijo ya no más. Llora, porque él no le dijo que lo reconsiderara, él solo la dejó.
Él pudo decir algo que la consolara, abrazarla, acariciarle la mejilla o solo mirarla a los ojos, pero no, solo la ignoró, solo la hizo sentir insignificante, sola, estúpida con su silencio, con su estatismo.
Ella a veces cierra los ojos y se imagina sus hermosos ojos azules mirándola con la picardía de un niño, así como solían hacerlo antes. En sueños lo imagina a veces huyendo de ella, a veces diciéndole que todavía la ama. Así es él. Así es ella.
Ella sabe que ya no lo volverá a ver, sabe que ya no habrá un mar para los dos, ahora se conforma con que la visite en sueños, de vez en cuando y con esa sensación de haber estado con él que la acompaña hasta varias horas después. Insiste en recordarlo con amor, pero sus ojos se llenan de lágrimas aún ahora. Lo culpa porque la hizo ver estúpida y débil, porque debió esperar lo peor como siempre y no creer que él haría grandes cosas por ella. Ya ese espíritu que creía en la infranqueabilidad del amor murió. Y ella siente que murió un poquito con el.
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