Hacía frío, pero les juro que no
era para tanto. Ezequiel temblaba
como una ramita de limón a punto de
caerse, y el calor de mi cuerpo desnudo no parecía subirle la temperatura. Delgadito,
blanquísimo, tonto, lindo, así es Ezequiel. Y friolento también. Sus besos son
de esos que no quieres que acaben, de
esos que te estremecen, que te hacen querer entrar dentro del otro.
A Ezequiel es imposible callarlo.
Te hace reír, te hace sentir cómoda, te hace querer abrazarlo. Es malo Ezequiel
y lo sabe.
En la cama, desnudo, se ve tan
débil como yo. Éramos dos hilachas tiradas en la cama intentando hacer el amor.
Sus dientes que castañeaban no nos
dejaban. Lo abracé tan fuerte como pude, lo llevé tan cerca de mí que podía
sentir su corazón latir. Su erección también.
Atravesé el largo camino desde su
boca por su blanco torso hacía abajo para complacerlo. A él le gustó. A mí
también. Queríamos más, pero no
podíamos, no era seguro. Nos culpamos en
silencio, nos reímos a carcajadas de nuestra desgracia, de la frustración y las
ganas contenidas. Al menos ya Ezequiel
no tenía frío.
La casa de Ezequiel es un
quilombo, tal como es su cabeza, tal como es su pelo. Quería invitarme a un
café, pero no encontraba el colador, yo quería un mate , pero no tenía yerba,
nos tocó tomar té, té común, de ese que uno descarta en el supermercado. A Eze le gusta Queen, tararea I want
to break free mientras hierbe el agua. En la cocina, de lejos, vestido y de día, parece un adolescente, se ve
inofensivo, manso. No se da cuenta de que lo observo y sonrío.
Tomé el té después del cual no
sabía si iba a volver a ver a Ezequiel, porque nadie sabe que es lo que él
quiere, y él mismo tampoco. Me
acompañaba a la puerta cuando notó que no tenía las llaves, que no las
encontraba, que no podíamos salir. No tuvo
temor de mirarme a los ojos y decirme que no sabía qué hacer.
Ezequiel no ha sabido que hacer en tres días. Aquí estoy a su lado,
escribiendo esto. Seguimos sin hacer el amor y tomando té común. Yo creo que las llaves ya las encontró ayer,
pero que no me quiere dejar ir, parece
que le gusta eso de tenerme y no tenerme. No me queda más que confiar en
Ezequiel y en que en algún momento decidamos que hacer.
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