jueves, 18 de abril de 2013

Cuentos de una no-viajera: I wanna go with you



Había pasado una de las mejores noches de mi vida, nos besamos como quien cree que no habría  un mañana. Era de madrugada, no habíamos podido dormir, solo hablábamos y hablábamos de todo y de nada. Yo le conté que tenía 3 hijos y un marido en la cárcel, y él que tenía un ejército de 5 delfines dispuestos a dar la vida por él. Él no me creyó, yo tampoco le creí, solo nos reímos. Estar a su lado, abrazados, con el calor de las 4am era simplemente  maravilloso. Creí que resistiríamos, realmente creí. Pero ya el sol aparecía por la ventana que estaba sobre nuestras cabezas, era de día, el tiempo se terminaba para nosotros los vampiros. El barco se movía ahora por las lanchas que cruzaban rápidamente a su alrededor. Me preocupaba un poco que el arrullo del mar de hace unas horas se hubiese transformado en un agitado estremecimiento. That’s Ok, me decía él, muy cerquita a mi cara y acariciando mi mejilla. Nos besamos. Sus labios eran suaves y delgados, como dos hilos a punto de romperse.
Las dudas me habían atacado dos noches atrás, cuando, luego de 3 cervezas y una mala noticia me le abalancé a pedirle que me llevara con él. A dónde fuera, a su barco, a Panamá, a un parque, debajo de un puente, a cualquier lugar donde pudiera estar con él. I wanna go with you, le dije mirando su horrible collar de concha marina, ya que no había tomado tantas cervezas como para poder mirarlo a la cara. Ahí estábamos en la mitad de la calle, llena de gente un viernes la 1 de la madrugada y el suelta con sus ojos muy abiertos y sus muecas en la cara un: Im super tired, i wanna sleep .
-Yo también quiero dormir Anton! Dije con actitud indignada… No hay problema, nos vemos mañana. Lo besé en la mejilla y me fui.
No miré atrás. Solo caminé lo más rápido que pude, enmudecida por la vergüenza. El barman me gritó algo, que ignoré, clavé mis ojos en la mesa de la recepción, como una autista. Ciro se acercó a mí y me dijo – Qué haces ahí sola ven con nosotros. Y me señaló el patio del Hostel, dónde parecía haber una reunión animadísima en la que participaban, dos chicos claramente homosexuales y una chica inglesa.
Yo solo quería irme. Anton creía que me lo quería  comer, peor que eso, Antón no me quería comer. Aun peor que eso, yo no me quería comer a Antón, yo lo quería abrazar, yo quería acurrucarme en su cabina de Capitán y sentir en mi cintura las manos ásperas de quien ha armado y desarmado un motor tres veces en un mismo día.
No dormiría en el Hostal, así que esperé unos 15 minutos a que el barman cerrara el bar, sin clientes ya, para compartir el taxi. Por otro lado, seguía estando triste, las cervezas seguían su efecto y la mala noticia no la había olvidado. Reflexioné durante todo el camino como debía acostumbrarme al hecho de estar sola, a que los espíritus atormentados como el mío raras veces encuentran con quien compartir tristezas. Debía cambiar. Debo cambiar. No es chévere ni conveniente ser sincero siempre, ni tomar la iniciativa, ni ser expresivo, ni amoroso todo el tiempo. Dedo cambiar. No sé ser de otra manera, pero debo cambiar. Tonta, tonta, tonta. La escena de autocompasión siguió hasta que sonó el celular. Número desconocido a las 2am. Era Anton.
-Call me back to my cellphone.
Lo llamé.
-Toma un taxi, yo lo pago y te espero en el muelle.
-Ya voy en el taxi rumbo a casa Anton…
-Shit!! I’m so sorry, I’m so sorry ..
-Its Ok,
-Im so sorry, repetía una y otra vez
-Por qué, ¿por qué me pides disculpas?
-Por no haberte dicho que sí antes…
-Thats Ok Anton, see you tomorrow.

¿Qué significaba todo aquello? No sabía que pensar. Anton era una mar de indecisiones, como los demás. O simplemente un hombre que no me quería. Suele suceder que cuando no entiendes whats going on con alguien, es porque no hay nada que esperar del otro. Ya debía yo saber eso. Normalmente me escudo en la ilusión de que yo no soy normal y no me gustan los hombres normales y soltar el anterior y el siguiente discurso  Solo un pajaso mental para sentirme menos culpable:

Por qué no me gustan los hombres normales, por qué simplemente no me cuadro con un abogado, elegante, atractivo y costeño. Ah! Ya lo hice una vez y fue la misma mierda. Me tenía que gustar el capitán, un tipo que no sé de dónde salió, pero peor aun, que no sé hacia dónde va.
Un tipo que no quería compromisos, un hombre que ama más la libertad que a  la vida misma o a cualquier otro ser humano. Que tragedia.
 Le conté una noche, por qué creía que  todos los hombres son iguales, que me habían hecho daño de tantas formas que ya no sabía cómo defenderme. Que solo creía que debía estar prevenida, que debía desconfiar. Pero que me gusta sentir, que las emociones y sus demostraciones son mi vida.
-Es terrible enamorarse sola, le dije
To fall in love alone?
Y a él le pareció muy chistoso cuando le dije que eso era como cuando you have a movie on your head, and the other person doesn't…
 
Esos pensamientos daban vueltas en mi cabeza cuando los besos no parecían acabarse y la sensación de lo inevitable gobernaba nuestros cuerpos. Creí que resistiríamos. Debía detenerme, debía detenerlo. ¡Un momento!, de hecho no tenía que detenerme, no tenía que detenerlo. Estaba tan feliz, tan liviana.
-I want you
-¿Quieres qué?
-You, I want you … ¿tu me quieres?
- Yes
-¿sí?
-Yes.


Run run se fue pa’l norte
-Si todos los hombres son iguales, What about me?
-I dont know yet, Solo sé que me gustas. Y que eres un marinero.
Y aunque  transgredir con una traducción estúpida a Neruda debe ser delito, lo hice:
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.

El capitán río en cada verso.
They leave a promisse, they never come back again, in every port a woman waits … Eso no es cierto …
Cuanto deseaba que no fuera cierto. Lo observaba mientras en la mañana, con la hermosa vista al muelle y al puerto de la ciudad él  cargaba el motor e inflaba el dinghy. Era delgado pero fuerte, y absolutamente sensual. Lo quería para mí, eso era un hecho. Cómo hacer para que un marinero se quede en tierra, como anclarlo… hacerlo perder su esencia no parecía ser el mejor plan.
Seguirle el juego, ser una mujer que espera tampoco. Debía acostúmbrame al hecho de que nunca sería mío, que tal vez lograría enamorarlo pero eventualmente se iría, porque el animal siempre tira para el monte, porque su vida es viajar y conocer nuevos horizonte y formas de amar…
Nos vemos en tres semanas…  un beso en la mejilla de despedida y  nada de dramas. Le pedí un beso real, él me dijo I gave you one already.
¿Por qué no me quisiste dar un beso?… yo solo quería despedirme adecuadamente, le reclamé por teléfono un par de horas después.
I dont know, solo atinaba a decir… Will see us in 3 weeks.
Al día siguiente revisaba mi historial de llamadas, resulta que hablamos 4 minutos. Cuatro minutos en los que yo le preguntaba por qué y el solo decía que no sabía… suena como mucho tiempo …
that sucks …
No nos vimos en tres semanas, pasó un mes, los barcos llegaban y él no, su motor de había dañado, estaba atascado en Panamá y yo.…ahora estoy escribiendo esto. Porque uno tiene que ver las cosas como si le pasaran a otro para entender mejor. Él no me quiso besar al despedirse, él se molestó conmigo porque no entendió mi chiste…  es como cuando tienes una película en la cabeza y el otro no.

domingo, 7 de abril de 2013

IMAGINARIO



La mañana amanecía gris, como de costumbre y por la ventana de su cuarto atravesaba una brisa impertinente que movía las hojas del libro que había dejado entre abierto la noche anterior: “me atormenta tu amor que no me sirve de puente, porque un puente no se sostiene de un solo lado…”  Quejas llegaban a su oído desde la ficción, el protagonista le hablaba  y lo miraba desde la soledad del que ama sin reparos. Alejandro no tenía tiempo para intentar comprender, así que mejor lo olvidó. Ahora miraba al cielo raso, con cara dubitativa, como tratando de imaginarse montado en la azotea del edifico más alto de la ciudad, con los brazos abiertos, como Rocky Balboa o como Rose en  Titanic. Sonrió por la idea de parecer mujer.
Decidió levantarse  y tomar el toro por los cuernos, mil hojas por un lado, ochocientas por el otro, alguien molestando en el teléfono y una luz que parpadea en el pc. Si, mejor tomar el toro por los cuernos, repetía mentalmente; o mejor no hacer nada, mejor quedarse mirando fijamente el cielo raso de la habitación, pensando ésta vez en los puentes sin final y en las tierras calientes donde una mujer cree que si deja de hablar muere. Pensar en el universo creado para él, por la ingenuidad manifiesta de aquella que no puede dejar de creer que él si cogerá el toro por los cuernos. La imaginaba bella, como solo ella podía serlo, fastidiada por el humo y por la desagradable sensación de saber que no se movía a motu propio y la llevaban unos hilos invisibles en la buseta mientras miraba por la ventana.
Seguro estaba de verla a ella en ese momento danzando en un mar de ritmos incomprensibles y efervescentes, en el marasmo de  su débil cuerpo bajo los tres soles inclementes de la salida de clases y con el verbo impertinente cosquilleando su lengua. Si se esforzaba un poco más, incluso podía imaginarla desnuda, feliz, susurrando una canción lenta a su oído, repitiendo sin parar los versos tristes que cambiaban de sentido cuando tenía su compañía, el fuego de su cuerpo delgado acostumbrado a la emoción, mientras en su boca temblaba la pregunta que le latía en su garganta desde que lo vio llegar ¿te quedarás ésta noche?  Pensando en la respuesta, el celular cesó de repicar, y la luz en el pc dejó de parpadear. Se sintió aliviado, había cumplido su cuota de humanidad ese  día.



lunes, 14 de enero de 2013

Un día ...

Un día decidí cortarme el pelo y  entonces fue la decisión más radical que había tomado en mi vida. Me veía al espejo y no perecía yo, ya los rizos no me acariciaban los hombros ni la espalda. Me sentía desnuda y un tanto desprotegida. El día anterior había tenido un fuerte dolor de cabeza, de esos que me daban con frecuencia, pensando en que iba a ser de mi vida, la salud, el trabajo, mi carrera, todo lo que venía por decidir y lo único que pude decidir era que tenía que cortarme el pelo porque era el primer paso para ser diferente.
Un día decidí cortarme un pulmón y entonces fue la decisión más radical que había tomado en mi vida. La tome con toda la esperanza y la fe del mundo, porque era el primer paso para ser diferente. Recuerdo que antes de cerrar los ojos eran las 5.30pm  en el reloj del quirófano, yo toda desnuda frente a 10 médicos como monstruos verdes y azules, escuchaba al anestesiólogo hacer bromas que implicaban whisky y enfermeras. Cerré los ojos. Lo siguiente que recuerdo es un dolor  y un peso extraño en mi lado derecho y el fastidio de tener un tubo atravesado en la garganta. Después de eso, una cicatriz como una gran sonrisa cruza debajo de mi seno derecho.  Cuando estoy desnuda la veo en detalle: medio clara medio oscura. Quienes la han visto me preguntan por su historia y entonces les cuento de ese día en que pensé que todo iba a cambiar.
Un día decidí hacer el amor con otro hombre, diferente a ti y entonces fue la decisión más radical que había tomado en mi vida. Te había visto antes feliz, agarrado de su mano y diciéndole cosas al oído a ella en la calle. Tu no me viste o tal vez sí. Y pensé ¿por qué no? Él otro juró que me amaba,  y le creí. Yo me entregué porque creí además que era el primer paso para ser diferente.
Un día decidí que iba a amarte para siempre y entonces es la decisión más radical que he tomado. Decidí que amaré nuestros silencios cómodos y tu respiración al otro lado del teléfono. Amaré tu terquedad y tu increíble capacidad de responder sin que nadie te haga preguntas, las conversaciones eternas sobre la importancia de leer a los rusos, sobre la simplicidad de la vida, sobre lo poco que hay más allá de tú, yo y unas cobijas. Amaré tus manos acariciando mi pelo y mi cintura, te amaré sobre mí, debajo de mí, a mi lado, tus poemas y tus canciones mal entonadas. Amaré nuestras noches, las ganas de que no amaneciera, tu mirada sincera, tu actitud que me decía siempre que todo estaría bien aunque estuviera todo muy mal. Amaré el recuerdo de los días más felices de mi vida, la alegría infinita de sentirme amada, la certidumbre de saber que al cerrar los ojos me estarías viendo.  Recordaré toda la vida aquél día que me pediste que por favor nunca te dejara y aquél otro en el que te pregunté si me amarías siempre…
Amaré tu amor, con la triste certeza de que ya no te sirvo, que  decidí cortarme el pelo, el pulmón y hacer el amor con otro y entonces algo muy pequeño cambió, que no fue radical, que no soy diferente, pero que por alguna extraña razón ahora no puedo parar de hacerte daño.
Ésta madrugada decidí enviarte esto, un texto que al igual que yo no sabe bien  lo que quiere, solo que desea ser leído así, como yo desearía estar a tu lado.
Te amo