Realidad y ficción , entrelazados, en una prosa sin pretensiones, que solo desea mostrar puntos de vista críticos y sinceros.... un lugar para opinar y sobre todo diferir...
domingo, 1 de enero de 2017
1ro de Enero
No hay nada que envidie más que tu libertad sin limites, tu tranquilidad sin remordimientos.
No hay nada que odie más que la sumatoria de tus ausencias, despedirte, que aveces parezcas un recuerdo y que te veas difuso en mi día a día.
No hay nada que desee más que el abrazo del reencuentro, tu mano en mi cintura, tus ojos mirándome fijamente mientras hacemos el amor. Tus besos perfectos, tu pelo en mi boca, tu mejilla contra la mía.
No hay nada que me asuste más que estar enamorada de ti, de ti, que eres humo, que eres tú y solo tu.
Me asusta decírtelo pero me asusta más no decírtelo.
Me da miedo lo avasallador de tus respuestas, tu claridad mortal, la impunidad aterradora con la que todo acabaría.
Temo quererte. Temo de mí y de ti, de las cuatro paredes de las que no saldré completa porque un pedazo de mí va a querer quedarse encerrado para siempre.
¡Oh por dios! Tengo pavor de mis palabras y de mi torpeza. Tengo pavor de mi que soy un error andante. De mi racionalidad a cuenta gotas, de la transparencia innecesaria de mi corazón, la desnudez de mi cuerpo, de esas ansias por compartirme.
Y lo único que no temo hoy es decirte que te quiero.
miércoles, 27 de julio de 2016
Ezequiel
lunes, 23 de mayo de 2016
Cuentos de una no-viajera: El beso francés.
jueves, 7 de abril de 2016
Volemos
domingo, 22 de noviembre de 2015
Vete ...
Por no ser fuerte, por tonta, por bajar la guardia, por no saber defenderme, por seguirte amando, por ser una estúpida, por no poder, simplemente no poder...
Por extrañar a quién no debo, por ser débil, por ser un fiasco, un invento, por ser nada, por casi no existir.
Por mis dolores, por mis deficiencias, por el aire que no me es suficiente, por el pecho que no me deja vivir, por no saber que hacer, por hacer lo incorrecto, por no hacer nada.
Por querer desaparecer a veces, por ser insignificante, por no importarle a nadie, por no importarte, por el dolor infinito de recordarte, por recordarte, por pensarte , por sufrirte, por cada minuto perdido en el tren pensando en ti, por los sueños contigo, por todo lo que me dueles, por no poder olvidarte.
Vete, se mi nuevo llanto, mi nuevo fantasma, mi nueva ausencia. No te preocupes, estarás lejos, serás feliz y no sentirás mi dolor, no verás mis lágrimas. Te diré que estoy bien, que cocino todos los días, que como bien, que he hecho nuevos amigos, que salgo a bailar y me acuesto tarde.
Vete...
domingo, 26 de julio de 2015
Sé lo que hiciste el invierno pasado
Todo es un gran revoltijo de pensamiento y escenas que parecen ser de historias diferentes.
Yo sentada en tus piernas, intentando besarte y tu esquivandome apartando mis manos de ti, diciendo, Tu y yo ya no somos novios.
Tu y yo, sumergidos semidesnudos a media noche en un mar de aguas cristalinas, besándonos, tu diciéndome que era hermosa, yo diciéndote que te quería.
Otra vez, tu y yo sentados en un bus, uno al lado del otro, era invierno, hacía frío, yo miraba por la ventana, lagrimeando y tratando de que no lo notaras, pensando en cuán lejos estabas de mí.
Tu y yo abrazados una noche, en una banca fuera de mi trabajo, yo estaba cansada y lloraba, no quería irme.
Luego hace dos años tu y yo nos dábamos el que creía era nuestro ultimo beso y nuestro ultimo abrazo. Me despedí, volteé a mirar y aun estabas ahí viéndome partir. Era la única persona que quería que estuviera conmigo ese momento, fuiste la última cara conocida que ví y eso no lo cambio por nada.
Hace un año, una nueva despedida, tu y yo en la estación de trenes. Ésta vez te despedías tu. Me pediste que te acompañara, te dije que no quería tener el recuerdo de verte subir al tren y tener yo una mano al viento despidiéndote. Pero lo hice. Una nueva escena de llanto, ese llanto que pensaba que iba a ser el definitivo pero que se extendió mucho tiempo más. Se que te dije muchas cosas, que me rompiste el corazón, que no debiste haber venido. No había más que tristeza, amor y decepción en mis palabras, no había maldad. Tu apenado, miraste a un lado y dijiste muy suave, que había sido una parte importante en tu vida, que no querías que te recordara así. Buscaba tus ojos pero no los hallaba. Lo único que encontré fue una mano que vi colgada, la acaricié por ultima vez y te dije adiós.
Lo anterior y lo posterior a eso fueron un infierno.
La expectativa de tu llegada me quitaba la respiración, quería que me encontraras bella y feliz. Pero la cosa era complicada. No tenía un peso, había estado enferma y ya no me hablabas con tanta frecuencia.Tenía la guardia baja, solo esperaba lo mejor de ti.
Llegaste. No querías que te tocara y fuiste frío la mayoría del tiempo. La primera noche, quise que hiciéramos el amor. era obvio que no querías y no sabías como evitarme ya que compartíamos la misma cama. Lo hicimos, al final te dije suave al oído que te quería, que te extrañaba, que me ponía triste el que ya no me escribieras con frecuencia y que yo dejé de hacerlo también porque no quería parecer ridícula. Se me quebraba la voz. Esperé una respuesta, solo me dijiste que estabas cansado y que querías dormir. Ya todo estaba claro, no me querías. Una parte de mi quería irse corriendo de allí, dejarte disfrutar tus vacaciones en paz. La otra, la romántica, me decía que la vida te había puesto a mi lado en ese momento por alguna razón, que pudiste haber ido a cualquier lugar del mundo, pero escogiste venir aquí, a donde yo estaba, que seguro estabas un poco confundido, solo debía intentarlo un poquito más. Lo hice el resto de la semana. Fue en vano. No me querías.
Me sentí estúpida por pensar que alguien pudiera hacer algo así por mi, que tu pudieras hacer eso por mi, venir por mi, solo por mi. Nunca me prometiste nada, nunca dijiste que me amabas, nunca dijiste que lo harías. Era como si yo estuviera loca y todo hubiese pasado en mi cabeza.
Nunca me consolaste, no me pediste perdón, no me abrazaste para que me calmara, no me dijiste que me querías, No te importó nada. no me explicaste nada. Me ignoraste.
Yo solo lloraba y me ponía histérica, me sentía minúscula, insignificante, tonta.
Ha habido mucho llanto en ésta historia. No te volveré a ver. No me escribirás nunca más, no me extrañas, no te importo. Pero pienso en ti, he pensado en ti todos los días de mi vida desde que te conocí. No es justo, no es sano, me hace daño y llevo mucho tiempo intentando solucionarlo. No te molestaré nunca más, quiero ser fuerte y superarlo todo, por eso escribo, porque quiero que todo ese dolor se me salga del cuerpo. No se lo puedo contar a nadie, me hace sentir estúpida.
Eso fue lo que hiciste tu en mi invierno, eso fue lo que hice yo en tu verano.
Quiero que estés bien, feliz, contento, que a pesar de todo tengas un recuerdo bonito de mi y de lo mucho que te quise. Ojalá me pienses se vez en cuando, y que estás vacaciones sean mejores que las pasadas...
miércoles, 24 de junio de 2015
Lo que ella piensa de él
Ella le creyó. No había que ser muy inteligente para saber que todo era mentira, que él sabía que la iba a olvidar y que ella ya sabía que no era una buena chica. Durante los meses siguiente se aferró a su recuerdo y a la idea de que él también pensaba en ella. No había que ser muy brillante para saber que él ya no pensaba en ella. Un día ella decidió que ya no quería pensar en él, eliminó toda evidencia física y virtual de su existencia, entonces en un revés de la naturaleza humana, él le contó que quería seguir en su vida. Ella se arrancó el corazón para decirle que ya no, que ya no se podía.
Lo curioso es que aun después de tanto tiempo, de nuevas vidas y nuevos amores, él aún sigue en su vida. Sobre todo en las mañanas, cuando se despierta y se da cuenta que es un día más en que no hablará con él, no sabrá cómo está ni que siente. Un día más en el que los olvidos se irán sumando hasta llegar a la nada, un día más donde él se levantará sin pensar en ella. A veces llora pensando que ella es como un dibujo que se desvanece en su memoria, que es como un garabato borroso que él ya no recuerda con exactitud, que la recuerda molesta y llorando y no feliz y sonriendo . Que la recuerda histérica e irracional y no la mujer inteligente y sensata que solía ser. Llora porque sabe además que ella lo decidió, que ella dijo ya no más. Llora, porque él no le dijo que lo reconsiderara, él solo la dejó.
Él pudo decir algo que la consolara, abrazarla, acariciarle la mejilla o solo mirarla a los ojos, pero no, solo la ignoró, solo la hizo sentir insignificante, sola, estúpida con su silencio, con su estatismo.
Ella a veces cierra los ojos y se imagina sus hermosos ojos azules mirándola con la picardía de un niño, así como solían hacerlo antes. En sueños lo imagina a veces huyendo de ella, a veces diciéndole que todavía la ama. Así es él. Así es ella.
Ella sabe que ya no lo volverá a ver, sabe que ya no habrá un mar para los dos, ahora se conforma con que la visite en sueños, de vez en cuando y con esa sensación de haber estado con él que la acompaña hasta varias horas después. Insiste en recordarlo con amor, pero sus ojos se llenan de lágrimas aún ahora. Lo culpa porque la hizo ver estúpida y débil, porque debió esperar lo peor como siempre y no creer que él haría grandes cosas por ella. Ya ese espíritu que creía en la infranqueabilidad del amor murió. Y ella siente que murió un poquito con el.
domingo, 10 de mayo de 2015
Una vida simple
lunes, 14 de abril de 2014
Cuentos de una no-viajera: ÉL (Him)
jueves, 18 de abril de 2013
Cuentos de una no-viajera: I wanna go with you
domingo, 7 de abril de 2013
IMAGINARIO
lunes, 14 de enero de 2013
Un día ...
jueves, 29 de noviembre de 2012
De cómo aprendí a ser costeña
sábado, 31 de julio de 2010
DE NUEVO AL RUEDO

Hoy descubrí que después de todo, a Tana no le pasan cosas tan malas (especial atención a mi referencia en tercera persona), ella ha decidido de un momento a otro, encenderse de amor y compartir con ustedes también las silvestres cosas que le pasan a cualquiera y que son las únicas en las que ella cree, una noche de rumba y amigos, de tragos y de baile, d conversación con extraños y de profunda alegría, espero que se note la emoción que ella sentía wiiiiii!!!!!
El mágico y catártico momento en que todos levantaron sus cuerpos y sacudieron sus pies al ritmo de los timbales y las trompetas. Una eclosión de sudor, alegría, desparpajo. El éxtasis Caribe del sentimiento de tener a dios en el cuerpo. Sin disimulo los bailarines decían que era un verano en Nueva York, sabiendo que pudo ser en cualquier lugar, era un verano global, porque es el mismo son, un solo leguaje, una sola tierra sostenía a los bailarines que cargaban en sus pies, el peso de años de historias, tejidos al ritmo de guarachas, guaguancós y sones.
Sus sonrisas sin timidez, el amigo que está en cada mesa, el whisky, la cerveza que va y viene de mano en mano y de boca en boca, el ritual del encuentro de tres hombres, tres mujeres o de tres parejas, no alrededor de una botella sino alrededor del mismo encuentro, de la gloria infinita de ser libres en un mundo paralelo, hacen rodar en el ambiente ese perfume imperceptible de mística y divinidad.
La inesperada sensación de la teletransportación, el viaje silencioso de tu cuerpo hacia donde pertenece, Madre África te llama. Sus tambores se escuchan sordos y secos, llevando el control y el compás del ritmo en cualquier canción y después de tu humanidad. Enviados de la madre, músicos invisibles, transmisores del sentir, se sientan al lado de cada asistente, le hablan al oído y le cuentan historias de hace siglos, algunas son tristes, pero todas los hacen reír, todas los hacen bailar. Los bailarines obedecen, unos rápido, otros sensuales, unos solos, otros en pareja…
En medio de ese control delicado, de esa atadura de terciopelo, donde cada bailarín se mueve como quiere, está en dios elegido de cada noche, el dios música; porque está el otro, sentado en el trono de roble, en una esquina, en la actitud del centinela que está dispuesto a dejar cruzar a todos. Recostado, casi inmóvil, observa con mirada de ciego, a ese pedazo, yo no sé si de paraíso o de infierno, porque debe haber algo de pecado en tanta felicidad. Él, a cuya diestra solo están unos cuantos, el vigilante del ritmo, el bailarín exquisito, el dueño que aquel universo estrafalario, que abrió las puertas a que mortales se regocijaran en su gracia.
La magia de esa noche era intimidante, preferiría decir indescriptible, pero creo que sentí la el temor y la disimulada complacencia de todo pesimista, sentir que el mundo todavía puede sorprenderte gratamente. Que hay territorios inescrutados, vírgenes de la violencia y profundamente románticos. Hombres caballeros y damas sin debilidades, cuya decisión fue detener el tiempo y dejar correr por su cuerpo sin reparos, la casi indecente energía que produce el moverte con voces de desconocidos y ser siempre joven. De sentirse bello y vivo, vistiendo a tu gusto, diciendo lo que quieres, una noche a la vez, no más que eso.
Salir de allí, no fue romper con el encanto, sino entrar en el y en el juego de parecerse a ellos, quienes en ese lugar no parecen humanos, no pelean, no se maltratan, son iguales… Caer en la duda, de sí es solo la música, porque debe ser algo más!! No hay látigos, no hay órdenes, el centinela sonríe y los hombres y mujeres bailan. No hay más, un misterio, una incógnita, un sentimiento, que se mueve entre lo humano y lo divino, lo de aquí, lo de allá y lo del más allá.
lunes, 27 de abril de 2009
LO NUEVO...

TODOS SOMOS BUENOS

domingo, 15 de marzo de 2009
EL INTELECTUALOIDE BARATO

